El corazón se puso de fiesta

Cienciano por primera vez en su historia dio la vuelta en Cusco
(www.libero.com.pe) Taytacha, Cienciano... Dios mío, Cienciano. El viejo Jurado había presagiado que la noche de ayer sería eterna, de nunca acabar. Por eso, tras el último esfuerzo de Carlos Orejuela y el final hecho suplicio, Carlos Daniel,el guía del equipo, corrió con el estallido de los 36 mil cusqueños que, enesos dos minutos de alargue, temíaninevitablemente lo peor. Un grito ensordecedorretumbó en el Garcilaso.Tres, cuatro, cinco antorchas cruzaronel campo de batalla de extremo aextremo. Y los guerreros dibujaban enel cielo un gracias emocionado. Era elmomento de celebrar. De abrazarsecomo hermanos, como en aquellaspugnas internacionales que anocheayudó a definir un encuentro jugadocon los nervios de punta, con el corazóndando saltitos.Una camiseta blanca reflejaba elsentir: “Campeón”, la inscripción continta roja que no dejó de escucharseseguramente hasta el amanecer. Losabrazos, las lágrimas, las huellas delos mejores dibujaban escenas repletasde emoción. El grupo se unió enel punto medio del campo. Allí saltó.Gritó. Desfogó lo acumulado luegotanto padecer, de tanto sufrir, de tragarselos golpes bajos, el menospreciode los que nunca aceptarán sersegundos.Ibáñez, Bazalar, De la Haza, Ibarra,Orejuela, Arboleda, todos, abrazados,un puño apretado, vibraban con el títuloconseguido. Y cantaron, apoyadospor la voz ronca de Juvenal Silva, el presidente,el que se fajó por su plantel.Anoche no faltó nadie. Y fue eterno.Único. Algunos, como Lobatón y Silva,se despedían tristes de casa, de la familiaque los cobijó, pero prometierondejar en alto a un Cienciano que nuncaolvidarán, con el que fueron felices.La vuelta olímpica desató la locurageneral, diez minutos con su gente,vibrando, pegando gritos destemplados,jurando que a fin de año habrámás razones para ser felices. Lo justoy necesario para quien luchó a brazopartido por una conquista sui géneris.Era la primera vez en su tierra, con lossuyos, sin importar el sufrimiento,tampoco los golpes, así tenía que ser.Con el corazón en la mano. Apretandolos dientes. Taytallá, Cienciano. Diosmío, Cienciano. Nunca lo olvidarán,como aquellos que se quedaron conla miel en los labios y con los que, enun tiempo más, tendrán que verse lascaras nuevamente. Mientras tanto,goce, campeón.


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